Empezar este blog no fue fácil, considero que escribo bien pero no sé qué tanto, sin embargo, pensar que alguien podría leerme y compartir mi punto de vista, me animó a ello; siempre me pregunté qué podía hacer para dejar “un grano de arena en este inmenso desierto”, se que no todos compartirán mis ideas, pero otros a lo mejor sí y algunos decidirán tomar algo de lo que digo; con plantar una semilla en una persona ya es suficiente.
La vida es complicada, siempre nos estamos enfrentando a decisiones que tomar, cuál camino elegir, si la decisión es correcta o no lo es, si es buena o mala; pero nunca nos preguntamos si eso que elegimos, beneficia a alguien más.
Pero ¿Por qué vivimos en esta realidad? Se supone que siempre lo que elegimos es lo “correcto”. La pregunta es, ¿correcto para quién? para mi, para la sociedad.
Anteriormente vivía en un mundo de queja constante, quería que las cosas cambiaran, pero pensaba que eso era algo que debían hacer los demás. Y ¿si nuestras decisiones y comportamiento tienen que ver en todo esto? Hace relativamente poco tiempo empecé a tener más claridad sobre estas cuestiones.
Normalmente, elegir el camino del bien, es un camino lleno de espinas, siempre hacer lo correcto va a ser más difícil que no hacerlo, desde una cosa tan básica como decidir no matar a un insecto que se ha metido en nuestra casa. El otro día tuve que decidir entre matar o sacar una libélula que revoloteaba por mi habitación, no todas las veces he elegido sacar el insecto de casa, pero esta simple acción, supone un gran esfuerzo, atraparla y luego liberarla, “wowwww”, no saben cuánto me llevó hacer eso, habría sido más fácil, bueno ya saben, pero la satisfacción de verla volar en el jardín fue mejor.
Con otras cosas de nuestra vida cotidiana es igual, por poner un ejemplo, no herir a alguien con nuestras palabras, devolver al cajero(a) el cambio que te dio de más, reciclar en casa, ayudar a una persona con discapacidad visual a cruzar la calle cuando vas de afán, ayudar a tu compañero de trabajo en algo que para él o ella supone mucho esfuerzo, esto implica dejar lo que estás haciendo en tu trabajo diario por ayudar al otro o al medio ambiente, salirte de tu zona de confort y pensar en la situación del otro o del planeta.
¿Con qué fin voy a dejar de pensar en mí por un instante y voy a elegir ayudar a alguien o algo más? Bueno esa es la pregunta que todos debemos hacernos cuando queremos dar respuesta a porque vivimos en esta realidad tan complicada.
Los seres humanos somos bastante arrogantes, cuando logramos algo por muy insignificante que parezca, ya nos creemos que lo sabemos todo y que somos mejores que los demás, y ahí es cuando perdemos la visión de lo que es correcto, todo se vuelve un sin sentido; el jefe grita a sus colaboradores, miramos a las personas por encima del hombro, el habitante de calle, es como lo llaman en muchos lugares un “desechable” que no merece nuestra atención. Qué pasa, ¿qué por haber logrado algo en mi vida ya soy mejor que los demás? Hemos transformado el concepto de lograr algo en la vida, con tener dinero, el dinero es el factor que mide el éxito de las personas; en algún momento de mi vida me deje deslumbrar por el valor del dinero, empecé a ganar muy bien en mi trabajo, y creía que ya por eso merecía toda la atención, tener la razón siempre, enfadarme y gritar más que los demás; y lo peor de todo es que hasta hace relativamente poco me empecé a dar cuenta de mis actitudes, cuando conocí lo que me cambió la vida.
Para transformar nuestra idea de que somos superiores a otros, es importante hablar sobre qué es la dignidad humana. Un concepto bastante debatido en esta época, base en la que se sustentan los derechos humanos. Es un concepto bastante abstracto, toda persona por el hecho de serlo tiene dignidad humana. De hecho el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas en 1948, inicia con: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Para mi la dignidad es un valor intrínseco que tienen todos los seres vivientes, y con ser viviente me refiero a plantas, animales, personas y si quieren tambien alienígenas, todo absolutamente todo merece respeto. Empezar a pensar de esta manera nos ayuda a creer que todos estamos conectados y que los recursos son ilimitados para todos, el problema es cuando dejamos de lado este pensamiento y creemos que yo soy el unico que tengo derecho por mi estatus, color de piel, gustos o género.
Comprender que cualquier vida está dotada de dignidad y por ello merece respeto, nos hace seres humanos con un gran sentido de compasión y de amor hacia los demás, creo que llegar a ese punto, debe ser el logro y el fin más importante al que debemos llegar como seres humanos, es un camino difícil de recorrer, pero no imposible, cada día, avanzo un peldaño más, para llegar a ello. No obstante, quiero dejarles algunas recomendaciones que me estan ayudando a conseguirlo y que por supuesto cada día me esfuerzo por poner en práctica:
No somos únicos e irrepetibles, somos seres humanos iguales, con ideas diferentes y propósitos diferentes, que hemos venido a este mundo a trabajar por la humanidad, en lo que cada uno quiera desempeñarse.
Elimina tus prejuicios, la realidad es que éstos son implantados por alguien más, cuando nacemos, por la familia, luego por la sociedad, los amigos, religión etc. Escanear nuestro interior e identificar de dónde provienen esos tabúes es una forma interesante de conocernos y transformarlos. Esta idea no es para que juzgues a ese alguien, padre, amigo, maestro, etc, que generó en tí ese sentimiento, sino para que lo atravieses y te permita llevar una vida más amena con el entorno, además es algo que le puedes regalar a las generaciones venideras.
Ponernos en los zapatos del otro; cuántas veces hemos emitido un juicio sobre el comportamiento de ese amigo, compañero de trabajo, padre o madre, sin conocer los motivos que lo llevaron a reaccionar o actuar de esa manera, todas las personas siempre tenemos una historia detrás.
Cuando emitas una opinión sobre alguien o algo, piensa en primer lugar si eso que vas a decir, es algo positivo o negativo, si está creando valor, la violencia empieza en nuestro pensamiento. Violencia no es solo golpear a otro, en muchos casos las palabras pueden ser más dolorosas que un golpe.
No poner etiquetas a la gente o a las situaciones, esta es una de mis favoritas, se lo escuche a alguien y la verdad es que te libera, dejar de llamar a las personas por su color de piel, por sus gustos, por su profesión, por su estatus social, o por su género, es un gran paso para avanzar en la igualdad. Como lo exprese antes, todos somos seres humanos investidos de dignidad y por ello, merecemos todo el respeto.
Son varios los pasos que debemos seguir, por supuesto es una tarea larga y de mucho esfuerzo, al principio será muy difícil, pues cuando estamos acostumbrados a criticar y quejarnos todo el día, ese yo inferior quiere sacar lo peor de tí, pero cuando haces parte de tu vida estás prácticas, veras como tu vida cambia y te sientes pleno y libre.

