jueves, 9 de julio de 2020

El cambio empieza desde dentro...



Empezar este blog no fue fácil, considero que escribo bien pero no sé qué tanto, sin embargo, pensar que alguien podría leerme y compartir mi punto de vista, me animó a ello; siempre me pregunté qué podía hacer para dejar “un grano de arena en este inmenso desierto”, se que no todos compartirán mis ideas, pero otros a lo mejor sí y algunos decidirán tomar algo de lo que digo; con plantar una semilla en una persona ya es suficiente. 


La vida es complicada, siempre nos estamos enfrentando a decisiones que tomar, cuál camino elegir, si la decisión es correcta o no lo es, si es buena o mala; pero nunca nos preguntamos si eso que elegimos, beneficia a alguien más. 


Pero ¿Por qué vivimos en esta realidad? Se supone que siempre lo que elegimos es lo “correcto”. La pregunta es, ¿correcto para quién? para mi, para la sociedad.


Anteriormente vivía en un mundo de queja constante, quería que las cosas cambiaran, pero pensaba que eso era algo que debían hacer los demás. Y ¿si nuestras decisiones y comportamiento tienen que ver en todo esto? Hace relativamente poco tiempo empecé a tener más claridad sobre estas cuestiones.  


Normalmente, elegir el camino del bien, es un camino lleno de espinas, siempre hacer lo correcto va a ser más difícil que no hacerlo, desde una cosa tan básica como decidir no matar a un insecto que se ha metido en nuestra casa. El otro día tuve que decidir entre matar o sacar una libélula que revoloteaba por mi habitación, no todas las veces he elegido sacar el insecto de casa, pero esta simple acción, supone un gran esfuerzo, atraparla y luego liberarla, “wowwww”, no saben cuánto me llevó hacer eso, habría sido más fácil, bueno ya saben, pero la satisfacción de verla volar en el jardín fue mejor. 


Con otras cosas de nuestra vida cotidiana es igual, por poner un ejemplo, no herir a alguien con nuestras palabras, devolver al cajero(a) el cambio que te dio de más, reciclar en casa, ayudar a una persona con discapacidad visual a cruzar la calle cuando vas de afán, ayudar a tu compañero de trabajo en algo que para él o ella supone mucho esfuerzo, esto implica dejar lo que estás haciendo en tu trabajo diario por ayudar al otro o al medio ambiente, salirte de tu zona de confort y pensar en la situación del otro o del planeta. 


¿Con qué fin voy a dejar de pensar en mí por un instante y voy a elegir ayudar a alguien o algo más? Bueno esa es la pregunta que todos debemos hacernos cuando queremos dar respuesta a porque vivimos en esta realidad tan complicada. 


Los seres humanos somos bastante arrogantes, cuando logramos algo por muy insignificante que parezca, ya nos creemos que lo sabemos todo y que somos mejores que los demás, y ahí es cuando perdemos la visión de lo que es correcto, todo se vuelve un sin sentido; el jefe grita a sus colaboradores, miramos a las personas por encima del hombro, el habitante de calle, es como lo llaman en muchos lugares un “desechable” que no merece nuestra atención. Qué pasa, ¿qué por haber logrado algo en mi vida ya soy mejor que los demás? Hemos transformado el concepto de lograr algo en la vida, con tener dinero, el dinero es el factor que mide el éxito de las personas; en algún momento de mi vida me deje deslumbrar por el valor del dinero, empecé a ganar muy bien en mi trabajo, y creía que ya por eso merecía toda la atención, tener la razón siempre, enfadarme y gritar más que los demás; y lo peor de todo es que hasta hace relativamente poco me empecé a dar cuenta de mis actitudes, cuando conocí lo que me cambió la vida.


Para transformar nuestra idea de que somos superiores a otros, es importante hablar sobre qué es la dignidad humana. Un concepto bastante debatido en esta época, base en la que se sustentan los derechos humanos. Es un concepto bastante abstracto, toda persona por el hecho de serlo tiene dignidad humana. De hecho el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por las Naciones Unidas en 1948, inicia con: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Para mi la dignidad es un valor intrínseco que tienen todos los seres vivientes, y con ser viviente me refiero a plantas, animales, personas y si quieren tambien alienígenas, todo absolutamente todo merece respeto. Empezar a pensar de esta manera nos ayuda a creer que todos estamos conectados y que los recursos son ilimitados para todos, el problema es cuando dejamos de lado este pensamiento y creemos que yo soy el unico que tengo derecho por mi estatus, color de piel, gustos o género.


Comprender que cualquier vida está dotada de dignidad y por ello merece respeto, nos hace seres humanos con un gran sentido de compasión y de amor hacia los demás, creo que llegar a ese punto, debe ser el logro y el fin más importante al que debemos llegar como seres humanos, es un camino difícil de recorrer, pero no imposible, cada día, avanzo un peldaño más, para llegar a ello. No obstante, quiero dejarles algunas recomendaciones que me estan ayudando a conseguirlo y que por supuesto cada día me esfuerzo por poner en práctica:


  1. No somos únicos e irrepetibles, somos seres humanos iguales, con ideas diferentes y propósitos diferentes, que hemos venido a este mundo a trabajar por la humanidad, en lo que cada uno quiera desempeñarse. 

  2. Elimina tus prejuicios, la realidad es que éstos son implantados por alguien más, cuando nacemos, por la familia, luego por la sociedad, los amigos, religión etc. Escanear nuestro interior e identificar de dónde provienen esos tabúes es una forma interesante de conocernos y transformarlos. Esta idea no es para que juzgues a ese alguien, padre, amigo, maestro, etc, que generó en tí ese sentimiento, sino para que lo atravieses y te permita llevar una vida más amena con el entorno, además es algo que le puedes regalar a las generaciones venideras.

  3. Ponernos en los zapatos del otro; cuántas veces hemos emitido un juicio sobre el comportamiento de ese amigo, compañero de trabajo, padre o madre, sin conocer los motivos que lo llevaron a reaccionar o actuar de esa manera, todas las personas siempre tenemos una historia detrás. 

  4. Cuando emitas una opinión sobre alguien o algo, piensa en primer lugar si eso que vas a decir, es algo positivo o negativo, si está creando valor, la violencia empieza en nuestro pensamiento. Violencia no es solo golpear a otro, en muchos casos las palabras pueden ser más dolorosas que un golpe.

  5. No poner etiquetas a la gente o a las situaciones, esta es una de mis favoritas, se lo escuche a alguien y la verdad es que te libera, dejar de llamar a las personas por su color de piel, por sus gustos, por su profesión, por su estatus social, o por su género, es un gran paso para avanzar en la igualdad. Como lo exprese antes, todos somos seres humanos investidos de dignidad y por ello, merecemos todo el respeto.


Son varios los pasos que debemos seguir, por supuesto es una tarea larga y de mucho esfuerzo, al principio será muy difícil, pues cuando estamos acostumbrados a criticar y quejarnos todo el día, ese yo inferior quiere sacar lo peor de tí, pero cuando haces parte de tu vida estás prácticas, veras como tu vida cambia y te sientes pleno y libre. 


En conclusión, si queremos que este mundo cambie, que acaben las desigualdades, debemos empezar por nosotros, el mundo no cambia exigiendoles a nuestros gobernantes o familiares y amigos que lo hagan, porque la realidad es que nosotros elegimos con quien queremos estar y compartir nuestras vidas, y obviamente quien nos gobiernan, por ende somos responsables y creadores de lo que tenemos. Haciéndonos responsables de nuestras vidas, pensamientos, de lo que hablamos y por supuesto de nuestras acciones es que realmente hacemos un cambio en el mundo. 

  


jueves, 11 de junio de 2020

Un propósito de vida...

Les ha pasado que un día se levantan y piensan: “¿a qué vine a este mundo?, ¿cuál es mi objetivo o propósito de vida?”, bueno, espero que en algún momento de sus vidas se hayan hecho este tipo de preguntas, si no, me gustaría que con lo que voy a comentar aquí, se cuestionen un poco. No obstante, imagino que muchos de ustedes durante este tiempo de recogimiento que hemos tenido (como ya saben por el covid - 19), ya lo habrán hecho. Por mi parte llevo dándole vueltas y vueltas a la cabeza sobre qué hacer con todo esto que siento, preguntas ¿cómo y qué puedo hacer para transformar el mundo? se me han plantado ahí y no dejo de pensar en ellas. Porque sí, definitivamente estamos en un mundo caótico y personalmente no es el mundo en el que quiero seguir viviendo. 



Les contaré un poco de mí y de donde pasé mi cuarentena. Llegué a vivir a España, con mi pareja hace 7 meses, él es español, yo no, entonces después de hacer toda la tramitología de rigor, con el fin de encontrar un trabajo y desarrollarme contribuyendo a esta sociedad (como todo el mundo claro), la vida dio un vuelco y lo cambió todo. Los planes con los que llegué están retrasados, porque lo de encontrar un trabajo está quieto, pero esa es harina de otro costal; sin embargo, cada día que pasa, esperando por supuesto que esto termine, me ha hecho reflexionar mucho más acerca que lo que vivimos, (no es que antes no me diera cuenta), pero parar la moto en la que íbamos a toda velocidad, nos permitió ser un poco más consciente, y yo me encontré con el dilema de qué hacer para cambiar un poco la situación en la que estamos (mundialmente hablando), social, espiritual, económica y en todos los aspectos posibles. 



Estamos enfrentándonos a noticias bastante desalentadoras últimamente, las muertes ocasionadas por el virus, el hambre que viven muchas personas, no sólo a consecuencia del desempleo generado por la pandemia, sino porque previamente ya estaban en esa situación y esta se agudizó con la pandemia; la violencia que se ha generado por las desigualdades y el racismo, los derechos que habíamos logrado las mujeres se encuentran en este momento, por decirlo así, estancados o en retroceso. Problemas que siempre han existido y que han estado ahí; hoy por hoy y más que nunca se están tomando las redes sociales, las noticias, los periódicos etc. ¿Por qué? ¿Es que ahora nos duele más que antes? ¿Es que ahora es más importante? ¿Cuál es la diferencia?



Me imagino que todos tendrán millones de respuestas a estas preguntas, todos tenemos una opinión al respecto, pero ese no es el caso; el caso es que todo esto siempre ha estado ahí y lleva ocurriendo hace siglos. Nos hemos dedicado a hablar sobre ello, criticarlo y decir que el gobierno solucione o que solucione otro porque “yo nunca he contribuido a eso”; no hacemos nada, solo nos quejamos, sin darnos cuenta que hemos ido abonando el terreno con nuestro actuar para que la cadena continúe, que la brecha de desigualdad crezca, por mis propios prejuicios o porque siempre nos quedamos callados y no defendemos la causa; y en ese sentido, considero que tenemos responsabilidad en cierta medida, de la infelicidad y el sufrimiento del resto de la humanidad. 



Quiero precisar que no me refiero a todo el mundo, hay gente que hace demasiado por los demás sin esperar nada a cambio. Y cuando me refiero a que hay gente haciendo algo por lo demás, no me refiero a multimillonarios donando dinero, sino a personas comunes con vidas comunes que contribuyen en su comunidad, que ayudan a su vecino, que se preocupan por sus compañeros de clase, personas de las cuales nadie habla.



Sin embargo, es importante ir a la base de esto, no me refiero a la base del racismo, de la lucha de clases, eso es historia y la podemos encontrar en los libros y leerla, por cierto, los invito a ello. Me refiero a la base de por qué el ser humano es tan indolente, por qué ha construido una vida de individualidad, cuando somos seres sociales por naturaleza, la pregunta es: ¿sociales para qué? Sociales para ir a un bar y tomar unas copas con los amigos, o reunirse a hablar de los demás, criticar la situación en la que vivimos o al gobierno de turno que hemos elegido; ¿eso es ser social? Eso no está mal, por supuesto, pero no está más alejado de lo que es ser social; la realidad es que lo social se queda en eso, nos importa muy poco el sufrimiento del otro, los problemas del otro pasan desapercibidos, porque claro “yo tengo los míos propios y son más importantes”, pero ¿quién nos los tiene? 



La cuestión es que convertimos nuestros problemas personales en el “fin del mundo”, nos olvidamos que hay personas que están pasando por dificultades muy grandes y que sufren por ellas, hay pobreza, hambre, no hay educación, hay desempleo, violencia, racismo, desigualdad, etc. Todas estas cosas no las digo para que empecemos a sufrir también por los problemas de los demás, pero sí para que intentemos preguntarnos ¿cómo puedo contribuir para cambiar un poco la sociedad? No te hablo de ser un héroe, como el de las pelis, que nos salva de los villanos y vuela por los aires, eso sería genial, pero si te invito a que reflexionemos juntos sobre esta cuestión. Creo que tomar consciencia de cada acción que llevamos a cabo en nuestras actividades diarias, ayudaría a dar un gran paso para convertirnos en esos héroes que tanto nos gustan, porque en nuestra vida cotidiana es donde podemos empezar a hacer un cambio real. 



Y con vida cotidiana me refiero, a cómo me desarrollo en el ámbito individual, familiar, laboral, social, cultural, bueno en cualquier cantidad de espacios que tenemos diariamente, en donde interactuamos con los demás o simplemente nos desenvolvemos en solitario. Sé que se preguntarán y... ¿eso cómo puede contribuir en algo? Pues la verdad bastante, la vida está llena de pequeñas cosas; de una cena con amigos, de una reunión laboral, de hacer un trabajo con un compañero de clase, de apoyar a un amigo o familiar en algo mínimo que lo agobia, en un abrazo; a no ser que seas presidente de un Estado, un parlamentario o un representante de una ONG, los cambios solo se pueden lograr de pequeñas cosas, de cambios en tu pensamiento, sentimientos y de cómo ves el mundo.  



Cuando en el trabajo me burlo de un compañero por su condición de discapacidad o en una comida de negocios menosprecio a la persona que nos atiende porque es “latina”, “negra” o “pobre”, estoy generando violencia y por supuesto, menospreciando la vida de ese otro ser humano, además de acuerdo con el derecho, en sentido estricto, estoy vulnerando su dignidad humana. En ese orden de ideas, el verdadero cambio se debe generar en nosotros y en cómo vemos e interactuamos con nuestro entorno más próximo, ser amable con esa persona que tanto lo necesita sería un gran paso.  



Puedo traer millones de ejemplos, he escuchado cosas como: “es que los venezolanos nos quitan el trabajo...” “...en el metro solo se suben latinos, negros, por eso, los que no tenemos coche y debemos utilizarlo nos contagiamos facilmente de gripes y demás”; aclaro que esto lo he escuchado tanto aquí como en Colombia. Preciso decir que, esta clase de pensamiento, genera discriminación y racismo; debo reconocer que en algún momento me quedé callada, por temor, creo, no lo sé, pero me he arrepentido muchísimo de no haber dicho nada al respecto. Cuando permitimos este tipo de comentarios y no decimos nada, por no entrar en una discusión con la persona que lo ha mencionado, estamos siendo cómplices; muchos dirán: “que pereza entrar en este tipo de discusiones todo el tiempo”, sí, pero que pereza que por ello mañana una persona pierda la vida. Recordemos que todo es una cadena y la vida es eso, acción - reacción o causa y efecto. 



Mi intención no es agobiarlos más por ahora, regresando al principio de este escrito, siento que mi propósito de vida, es ayudar a la humanidad (como todos nosotros), aunque me he demorado demasiado en hacerme escuchar, espero que con lo que estoy diciendo y haciendo aquí, haya puesto mi primer grano de arena. De verdad quiero un mundo diferente y por ello quiero ser la voz de la justicia. 

El cambio empieza desde dentro...

Empezar este blog no fue fácil, considero que escribo bien pero no sé qué tanto, sin embargo, pensar que alguien podría leerme y compartir m...