jueves, 11 de junio de 2020

Un propósito de vida...

Les ha pasado que un día se levantan y piensan: “¿a qué vine a este mundo?, ¿cuál es mi objetivo o propósito de vida?”, bueno, espero que en algún momento de sus vidas se hayan hecho este tipo de preguntas, si no, me gustaría que con lo que voy a comentar aquí, se cuestionen un poco. No obstante, imagino que muchos de ustedes durante este tiempo de recogimiento que hemos tenido (como ya saben por el covid - 19), ya lo habrán hecho. Por mi parte llevo dándole vueltas y vueltas a la cabeza sobre qué hacer con todo esto que siento, preguntas ¿cómo y qué puedo hacer para transformar el mundo? se me han plantado ahí y no dejo de pensar en ellas. Porque sí, definitivamente estamos en un mundo caótico y personalmente no es el mundo en el que quiero seguir viviendo. 



Les contaré un poco de mí y de donde pasé mi cuarentena. Llegué a vivir a España, con mi pareja hace 7 meses, él es español, yo no, entonces después de hacer toda la tramitología de rigor, con el fin de encontrar un trabajo y desarrollarme contribuyendo a esta sociedad (como todo el mundo claro), la vida dio un vuelco y lo cambió todo. Los planes con los que llegué están retrasados, porque lo de encontrar un trabajo está quieto, pero esa es harina de otro costal; sin embargo, cada día que pasa, esperando por supuesto que esto termine, me ha hecho reflexionar mucho más acerca que lo que vivimos, (no es que antes no me diera cuenta), pero parar la moto en la que íbamos a toda velocidad, nos permitió ser un poco más consciente, y yo me encontré con el dilema de qué hacer para cambiar un poco la situación en la que estamos (mundialmente hablando), social, espiritual, económica y en todos los aspectos posibles. 



Estamos enfrentándonos a noticias bastante desalentadoras últimamente, las muertes ocasionadas por el virus, el hambre que viven muchas personas, no sólo a consecuencia del desempleo generado por la pandemia, sino porque previamente ya estaban en esa situación y esta se agudizó con la pandemia; la violencia que se ha generado por las desigualdades y el racismo, los derechos que habíamos logrado las mujeres se encuentran en este momento, por decirlo así, estancados o en retroceso. Problemas que siempre han existido y que han estado ahí; hoy por hoy y más que nunca se están tomando las redes sociales, las noticias, los periódicos etc. ¿Por qué? ¿Es que ahora nos duele más que antes? ¿Es que ahora es más importante? ¿Cuál es la diferencia?



Me imagino que todos tendrán millones de respuestas a estas preguntas, todos tenemos una opinión al respecto, pero ese no es el caso; el caso es que todo esto siempre ha estado ahí y lleva ocurriendo hace siglos. Nos hemos dedicado a hablar sobre ello, criticarlo y decir que el gobierno solucione o que solucione otro porque “yo nunca he contribuido a eso”; no hacemos nada, solo nos quejamos, sin darnos cuenta que hemos ido abonando el terreno con nuestro actuar para que la cadena continúe, que la brecha de desigualdad crezca, por mis propios prejuicios o porque siempre nos quedamos callados y no defendemos la causa; y en ese sentido, considero que tenemos responsabilidad en cierta medida, de la infelicidad y el sufrimiento del resto de la humanidad. 



Quiero precisar que no me refiero a todo el mundo, hay gente que hace demasiado por los demás sin esperar nada a cambio. Y cuando me refiero a que hay gente haciendo algo por lo demás, no me refiero a multimillonarios donando dinero, sino a personas comunes con vidas comunes que contribuyen en su comunidad, que ayudan a su vecino, que se preocupan por sus compañeros de clase, personas de las cuales nadie habla.



Sin embargo, es importante ir a la base de esto, no me refiero a la base del racismo, de la lucha de clases, eso es historia y la podemos encontrar en los libros y leerla, por cierto, los invito a ello. Me refiero a la base de por qué el ser humano es tan indolente, por qué ha construido una vida de individualidad, cuando somos seres sociales por naturaleza, la pregunta es: ¿sociales para qué? Sociales para ir a un bar y tomar unas copas con los amigos, o reunirse a hablar de los demás, criticar la situación en la que vivimos o al gobierno de turno que hemos elegido; ¿eso es ser social? Eso no está mal, por supuesto, pero no está más alejado de lo que es ser social; la realidad es que lo social se queda en eso, nos importa muy poco el sufrimiento del otro, los problemas del otro pasan desapercibidos, porque claro “yo tengo los míos propios y son más importantes”, pero ¿quién nos los tiene? 



La cuestión es que convertimos nuestros problemas personales en el “fin del mundo”, nos olvidamos que hay personas que están pasando por dificultades muy grandes y que sufren por ellas, hay pobreza, hambre, no hay educación, hay desempleo, violencia, racismo, desigualdad, etc. Todas estas cosas no las digo para que empecemos a sufrir también por los problemas de los demás, pero sí para que intentemos preguntarnos ¿cómo puedo contribuir para cambiar un poco la sociedad? No te hablo de ser un héroe, como el de las pelis, que nos salva de los villanos y vuela por los aires, eso sería genial, pero si te invito a que reflexionemos juntos sobre esta cuestión. Creo que tomar consciencia de cada acción que llevamos a cabo en nuestras actividades diarias, ayudaría a dar un gran paso para convertirnos en esos héroes que tanto nos gustan, porque en nuestra vida cotidiana es donde podemos empezar a hacer un cambio real. 



Y con vida cotidiana me refiero, a cómo me desarrollo en el ámbito individual, familiar, laboral, social, cultural, bueno en cualquier cantidad de espacios que tenemos diariamente, en donde interactuamos con los demás o simplemente nos desenvolvemos en solitario. Sé que se preguntarán y... ¿eso cómo puede contribuir en algo? Pues la verdad bastante, la vida está llena de pequeñas cosas; de una cena con amigos, de una reunión laboral, de hacer un trabajo con un compañero de clase, de apoyar a un amigo o familiar en algo mínimo que lo agobia, en un abrazo; a no ser que seas presidente de un Estado, un parlamentario o un representante de una ONG, los cambios solo se pueden lograr de pequeñas cosas, de cambios en tu pensamiento, sentimientos y de cómo ves el mundo.  



Cuando en el trabajo me burlo de un compañero por su condición de discapacidad o en una comida de negocios menosprecio a la persona que nos atiende porque es “latina”, “negra” o “pobre”, estoy generando violencia y por supuesto, menospreciando la vida de ese otro ser humano, además de acuerdo con el derecho, en sentido estricto, estoy vulnerando su dignidad humana. En ese orden de ideas, el verdadero cambio se debe generar en nosotros y en cómo vemos e interactuamos con nuestro entorno más próximo, ser amable con esa persona que tanto lo necesita sería un gran paso.  



Puedo traer millones de ejemplos, he escuchado cosas como: “es que los venezolanos nos quitan el trabajo...” “...en el metro solo se suben latinos, negros, por eso, los que no tenemos coche y debemos utilizarlo nos contagiamos facilmente de gripes y demás”; aclaro que esto lo he escuchado tanto aquí como en Colombia. Preciso decir que, esta clase de pensamiento, genera discriminación y racismo; debo reconocer que en algún momento me quedé callada, por temor, creo, no lo sé, pero me he arrepentido muchísimo de no haber dicho nada al respecto. Cuando permitimos este tipo de comentarios y no decimos nada, por no entrar en una discusión con la persona que lo ha mencionado, estamos siendo cómplices; muchos dirán: “que pereza entrar en este tipo de discusiones todo el tiempo”, sí, pero que pereza que por ello mañana una persona pierda la vida. Recordemos que todo es una cadena y la vida es eso, acción - reacción o causa y efecto. 



Mi intención no es agobiarlos más por ahora, regresando al principio de este escrito, siento que mi propósito de vida, es ayudar a la humanidad (como todos nosotros), aunque me he demorado demasiado en hacerme escuchar, espero que con lo que estoy diciendo y haciendo aquí, haya puesto mi primer grano de arena. De verdad quiero un mundo diferente y por ello quiero ser la voz de la justicia. 

El cambio empieza desde dentro...

Empezar este blog no fue fácil, considero que escribo bien pero no sé qué tanto, sin embargo, pensar que alguien podría leerme y compartir m...